Taller de encaje de bolillos: mundillo, picado, hilos y puntos

Plevobre reúne apuntes de taller sobre una técnica que se sostiene con muy poco: un cojín firme, un dibujo pinchado en cartulina, alfileres y pares de bolillos que se cruzan y se tuercen. Aquí se explica cómo se prepara cada cosa, por qué el hilo se comporta como se comporta y qué hacer con la labor cuando por fin sale del mundillo.

  • Mundillo, alfileres y picado
  • Devanado de los bolillos y tensión
  • Punto de lienzo, red y trenza
  • Lectura del picado y recorrido de los pares
  • Hilos de lino y de algodón
  • Encaje continuo y encaje por piezas
  • Desmontado y remate de la labor
  • Lavado, almidón y conservación
Mano sosteniendo un grupo de bolillos de madera con hilo rojo junto a un mundillo cilíndrico con el picado sujeto con alfileres
El picado sujeto al mundillo y los pares en espera: casi todo el trabajo ocurre en un palmo de superficie. Imagen de archivo utilizada como ilustración del tema.

01 — El soporte

El mundillo, los alfileres y el picado

El mundillo es la base de todo. Debe estar relleno lo bastante duro como para que un alfiler entre con resistencia y se quede quieto: si el relleno cede, los alfileres se inclinan, el picado se desplaza y el dibujo se deforma sin que nadie haya hecho nada mal con el hilo. Los rellenos habituales son paja prensada, serrín o espuma de alta densidad; lo importante no es el material, sino que la superficie no se hunda con el uso.

Existen dos familias de mundillo. Los planos, redondos o cuadrados, trabajan bien con piezas anchas que se ven enteras mientras se hacen: pañuelos, abanicos, motivos sueltos. Los cilíndricos, montados sobre un soporte que permite girarlos, están pensados para tiras largas: la labor avanza y el picado va rotando, de modo que la zona activa queda siempre delante de las manos. Muchos talleres tienen los dos y eligen según la pieza.

El picado es el patrón: un dibujo técnico en el que cada punto marca dónde irá un alfiler. No representa el encaje terminado, sino su esqueleto. Se prepara sobre cartulina dura o cartón prensado, en tonos oscuros o verdes que descansan la vista, y se perfora punto por punto con un punzón fino. Antes de empezar conviene cubrirlo con una funda de plástico transparente o con papel vegetal, para que no se ensucie ni se ablande con el roce de los bolillos.

Comprobaciones antes de clavar el primer alfiler

  • El picado está bien plano y sujeto por las esquinas, sin arrugas ni bolsas de aire.
  • Los alfileres son de acero inoxidable o latón: los que se oxidan dejan manchas imposibles de quitar.
  • La longitud de los alfileres es suficiente para clavarse firmes y dejar cabeza visible.
  • Hay alfileres de cabeza de color reservados para marcar inicios, cambios de trama y puntos de unión.
  • La superficie del mundillo está limpia y cubierta cuando no se trabaja.

02 — Preparación

Devanar los bolillos y controlar la tensión del hilo

Los bolillos no trabajan solos: trabajan por pares. Lo habitual es devanar un hilo continuo entre dos bolillos, llenando primero uno, dejando entre ambos la longitud de hilo que se va a manejar y devanando después el segundo con el extremo contrario. Así el par queda unido y no hay nudos en medio de la labor. Conviene no cargar demasiado hilo: dos o tres metros por bolillo bastan para casi todo, y un bolillo demasiado lleno pesa, cuelga mal y arrastra la tensión.

El devanado se hace siempre en el mismo sentido, con las vueltas apretadas y ordenadas, sin que se monten unas sobre otras. Una vez lleno, el hilo se asegura con una media vuelta alrededor del cuello del bolillo, que actúa como freno: girando el bolillo se suelta o se recoge la longitud necesaria sin deshacer nada. Es un gesto pequeño que se repite cientos de veces y que conviene automatizar desde el principio.

La tensión es la parte que más cuesta y la que menos se explica en los patrones. No se consigue tirando: se consigue dejando que el peso del bolillo haga su trabajo y acompañando cada cruce con un tirón corto y suave hacia abajo, siempre igual. Una tensión moderada y constante da mejor resultado que una tensión fuerte y desigual, porque el encaje de bolillos no tiene un revés que disimule: lo que se afloja se ve.

Señales de que la tensión no está bien ajustada

  • Aparecen bucles sueltos junto a los alfileres, sobre todo en los bordes.
  • El borde recto se ondula o se estrecha sin que el picado lo indique.
  • Los espacios entre alfileres se abren más de lo que muestra el dibujo.
  • El punto de lienzo se ve rayado en vez de compacto.
  • Hay que estirar la pieza terminada para que recupere su forma.
Fragmento de encaje de bolillos en curso sobre un picado naranja, con alfileres clavados a lo largo del dibujo y numerosos bolillos apoyados abajo
Los alfileres sostienen la forma hasta el último momento: mientras la labor está en el mundillo, el dibujo lo aguantan ellos y no el hilo. Imagen de archivo utilizada como ilustración del tema.

03 — Los puntos

Lienzo, red y trenza: tres puntos y todo lo demás

Por complicado que parezca un encaje, solo hay dos movimientos posibles con un par de bolillos: cruzar un hilo sobre otro y torcer un hilo alrededor de otro. Todos los puntos son combinaciones de esos dos gestos, repetidos en un orden concreto. Entenderlo cambia la forma de leer cualquier patrón, porque deja de ser una lista de instrucciones y pasa a ser una sucesión de decisiones.

El punto de lienzo, también llamado punto entero, se obtiene cruzando, torciendo y volviendo a cruzar. El par pasajero atraviesa los pares fijos uno a uno y el resultado es un tejido cerrado, mate, parecido a una tela; es el punto que da cuerpo a los motivos y el que mejor delata una tensión irregular. El punto de red se construye con más torsiones y menos cruces, y produce una malla abierta y regular que sirve de fondo. La trenza nace de repetir un medio punto entre dos pares hasta formar un cordón estrecho que viaja por la labor, se clava en un alfiler y se abre después hacia nuevos caminos.

A partir de ahí, el repertorio se amplía dosificando torsiones, cambiando el número de pares que intervienen y decidiendo dónde se coloca el alfiler dentro del punto. Las hojas, los abanicos y las distintas mallas no son técnicas separadas: son variaciones del mismo par de movimientos.

04 — La lectura

Leer el picado y seguir el recorrido de los pares

Un picado es un mapa de alfileres y no un dibujo del encaje. Los puntos dicen dónde se clava, pero no cómo llega el hilo hasta allí: esa parte la aporta quien trabaja, apoyándose en el diagrama que suele acompañar al patrón. Por eso dos personas pueden hacer piezas distintas con el mismo picado, y por eso merece la pena dedicar unos minutos a estudiarlo antes de montar nada.

Lo primero es localizar el motivo que se repite y el sentido en el que avanza la labor. Después, contar los pares necesarios al inicio y ver dónde entran o salen pares a lo largo del recorrido: los aumentos y las disminuciones están casi siempre en los mismos sitios, junto a los cambios de anchura o de densidad. Marcar con lápices de color los caminos principales ayuda mucho, sobre todo cuando el fondo y el motivo se cruzan.

Antes de montar la pieza definitiva conviene hacer una muestra pequeña, de tres o cuatro centímetros, con un hilo algo más grueso del previsto. En ese fragmento se ve enseguida si el número de pares es correcto, si el punto queda demasiado apretado y si el picado está bien perforado.

Qué mirar en un picado nuevo

  1. Número de pares con los que se monta y dónde se colocan al principio.
  2. Dirección de avance y posición del borde recto o del borde de ondas.
  3. Zonas de punto de lienzo, zonas de red y trenzas de enlace.
  4. Puntos en los que se añaden o se retiran pares.
  5. Uniones previstas con partes ya trabajadas.
  6. Distancia media entre alfileres, que determinará el grosor de hilo adecuado.

05 — El material

Hilos de lino y de algodón: grosores y elección

El lino tiene poca elasticidad y superficie mate. Define los puntos con nitidez, mantiene la forma y envejece bien, pero es menos indulgente: cualquier irregularidad de tensión queda registrada. El algodón, sobre todo el mercerizado, es más regular, más suave al tacto y algo más brillante; perdona más y por eso resulta cómodo mientras se aprende. No hay una opción mejor en abstracto, solo una opción adecuada para cada pieza.

La numeración despista al principio porque funciona al revés de lo que parece: cuanto más alto es el número, más fino es el hilo. Las etiquetas suelen indicar dos cifras, como 40/2 o 60/2; la segunda corresponde al número de cabos con los que está retorcido el hilo. Dentro de una misma marca, la progresión es coherente; entre marcas distintas conviene comparar físicamente antes de decidir.

El grosor no se elige en el vacío, sino en relación con la distancia entre los alfileres del picado. Un mismo patrón trabajado con hilo más grueso da un encaje cerrado y algo abombado; con hilo más fino, una pieza aireada y transparente que puede quedar floja si el dibujo no lo previó. La muestra previa vuelve a ser la manera rápida de salir de dudas.

Criterios prácticos al elegir hilo

  • Distancia entre alfileres del picado y densidad que se busca.
  • Uso final de la pieza: decorativa, aplicada sobre tejido o de uso frecuente.
  • Cantidad disponible: conviene calcular de sobra, porque un lote nuevo puede variar de tono.
  • Comportamiento del hilo al lavarlo, que en el lino incluye un ligero encogimiento.
  • Regularidad del retorcido, visible al mirar el hilo a contraluz.

06 — Dos maneras de construir

Encaje continuo y encaje por piezas unidas

En el encaje continuo, todos los pares se montan al principio y recorren la labor de un extremo al otro. El ancho de la pieza depende directamente del número de pares, de modo que una puntilla ancha puede exigir varias decenas de bolillos colgando a la vez. Es el planteamiento habitual de puntillas y entredoses, y su lógica es la de un tejido: la trama avanza y todo se hace en un mismo movimiento.

En el encaje por piezas unidas, en cambio, una cinta estrecha de pocos pares dibuja el contorno del motivo, gira sobre sí misma siguiendo el trazo y se engancha con un ganchillo muy fino a la parte ya trabajada cada vez que se encuentra con ella. Los fondos y las mallas se añaden después. La ventaja es evidente: un motivo grande se puede resolver con un número reducido de pares, aunque a cambio exige más atención en las uniones y un orden de trabajo bien pensado.

La elección no es de estilo, sino de estructura. Un dibujo geométrico y regular pide encaje continuo; un motivo curvo, con contornos que se cierran sobre sí mismos, se resuelve mucho mejor por piezas. Muchos encajes tradicionales combinan ambos planteamientos dentro de la misma labor.

07 — El final de la labor

Retirar el encaje del mundillo sin estropearlo

La pieza terminada sigue siendo frágil mientras los alfileres la sostienen. Cortar los hilos de golpe y tirar es la forma más rápida de perder semanas de trabajo, porque muchos puntos solo mantienen su posición gracias a la tensión acumulada. El desmontado se hace despacio y en un orden fijo.

Primero se rematan los finales según indique el patrón: uniendo los pares entre sí, pasando los hilos por el revés o cerrando el motivo sobre su inicio cuando se trata de una pieza circular. Después se van retirando los alfileres desde la zona más antigua de la labor, sujetando el encaje con la mano libre y observando si algún punto se afloja. Los hilos se cortan dejando dos o tres centímetros, que luego se rematan por el revés con una aguja fina siguiendo el recorrido del propio punto, sin nudos visibles.

  1. Rematar los pares finales antes de tocar los alfileres.
  2. Retirar los alfileres progresivamente, nunca en bloque.
  3. Sujetar la pieza mientras se libera, sin estirar.
  4. Cortar los hilos largos y esconderlos por el revés con aguja.
  5. Revisar el contorno a contraluz antes de guardar o lavar.

08 — Después

Lavado, almidonado y conservación

El encaje de bolillos se lava a mano, en agua templada y con jabón neutro, sin frotar ni retorcer. Basta con presionar suavemente dentro del agua y aclarar varias veces. Después se escurre entre dos toallas, también por presión, y se seca en plano sobre una superficie que admita alfileres, estirando la pieza hasta su medida y sujetando los puntos del contorno para que recupere la forma que tenía en el mundillo.

El almidonado no es obligatorio y conviene medirlo. Da cuerpo a piezas decorativas que deben mantenerse rígidas, pero en exceso amarillea con los años, atrae polvo y puede endurecer el hilo hasta volverlo quebradizo. Si se usa, mejor diluido y solo donde tiene sentido. El planchado, cuando hace falta, se hace por el revés, sobre un paño y sin arrastrar la plancha: se apoya y se levanta.

Para guardar, el enemigo es el pliegue permanente. Las piezas largas se enrollan sobre un tubo forrado con papel sin ácido o con tela de algodón lavada; las planas se guardan extendidas, separadas con papel. Conviene evitar las bolsas de plástico cerradas, la luz directa y el contacto con madera sin tratar o cartón común, que ceden acidez al hilo.

Rutina de conservación

  • Guardar siempre limpio y completamente seco.
  • Enrollar en lugar de doblar, y cambiar el punto de pliegue si hay que doblar.
  • Papel sin ácido o algodón lavado como material de contacto.
  • Lugar estable, sin humedad alta ni cambios bruscos de temperatura.
  • Revisión anual: airear, comprobar manchas y volver a enrollar.

09 — El sitio de trabajo

Herramientas y organización del espacio

La lista de utensilios del encaje de bolillos es corta y no ha cambiado demasiado. Interesa más que los bolillos sean homogéneos —mismo tipo y peso similar dentro de una labor— que su número o su decoración, porque un peso desigual se traduce en tensión desigual. Junto a ellos, un ganchillo muy fino para las uniones, tijeras pequeñas y afiladas, un punzón para perforar picados, cartulina, funda de plástico y alfileres suficientes para no tener que recuperarlos a medio camino.

La luz importa tanto como la herramienta. Una fuente lateral, colocada del lado contrario a la mano dominante, evita que la sombra caiga justo sobre la zona activa del picado; la luz difusa cansa menos que un foco directo. La altura del mundillo debería permitir trabajar con los codos apoyados o al menos sin colgar, la espalda recta y la cabeza sin inclinarse mucho hacia delante: dos horas seguidas se notan en el cuello antes que en las manos.

El orden en el mundillo es parte de la técnica. Los pares que no se están usando se apartan hacia los lados, agrupados si es necesario, para que no se enreden ni tiren del punto. Un paño limpio cubriendo la labor al terminar la sesión evita polvo y roces, y trabajar con las manos limpias y sin crema mantiene el hilo claro durante todo el proceso.

Lo que conviene tener a mano

  • Bolillos del mismo tipo, con peso parecido, y algunos de repuesto.
  • Alfileres inoxidables de varias longitudes y alfileres de color para marcar.
  • Ganchillo fino para uniones y aguja de punta roma para rematar.
  • Punzón, cartulina dura y funda transparente para los picados.
  • Tijeras pequeñas, cinta métrica y paño para cubrir el mundillo.

10 — Sobre estas páginas

Qué es Plevobre y cómo escribirnos

Plevobre es un proyecto informativo dedicado al encaje de bolillos. Publica textos explicativos, guías de proceso y listas de comprobación sobre la preparación del mundillo y del picado, el manejo de los bolillos, los puntos básicos, la elección del hilo y el cuidado de las piezas terminadas. No vende materiales, no organiza cursos y no ofrece servicios: todo lo que hay aquí es material de lectura, disponible igual para cualquier visitante.

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