01 — El soporte
El mundillo, los alfileres y el picado
El mundillo es la base de todo. Debe estar relleno lo bastante duro como para que un alfiler entre con resistencia y se quede quieto: si el relleno cede, los alfileres se inclinan, el picado se desplaza y el dibujo se deforma sin que nadie haya hecho nada mal con el hilo. Los rellenos habituales son paja prensada, serrín o espuma de alta densidad; lo importante no es el material, sino que la superficie no se hunda con el uso.
Existen dos familias de mundillo. Los planos, redondos o cuadrados, trabajan bien con piezas anchas que se ven enteras mientras se hacen: pañuelos, abanicos, motivos sueltos. Los cilíndricos, montados sobre un soporte que permite girarlos, están pensados para tiras largas: la labor avanza y el picado va rotando, de modo que la zona activa queda siempre delante de las manos. Muchos talleres tienen los dos y eligen según la pieza.
El picado es el patrón: un dibujo técnico en el que cada punto marca dónde irá un alfiler. No representa el encaje terminado, sino su esqueleto. Se prepara sobre cartulina dura o cartón prensado, en tonos oscuros o verdes que descansan la vista, y se perfora punto por punto con un punzón fino. Antes de empezar conviene cubrirlo con una funda de plástico transparente o con papel vegetal, para que no se ensucie ni se ablande con el roce de los bolillos.
Comprobaciones antes de clavar el primer alfiler
- El picado está bien plano y sujeto por las esquinas, sin arrugas ni bolsas de aire.
- Los alfileres son de acero inoxidable o latón: los que se oxidan dejan manchas imposibles de quitar.
- La longitud de los alfileres es suficiente para clavarse firmes y dejar cabeza visible.
- Hay alfileres de cabeza de color reservados para marcar inicios, cambios de trama y puntos de unión.
- La superficie del mundillo está limpia y cubierta cuando no se trabaja.